Por Carlos Lizama Hernández (1)
Desde hace muchos siglos los padres y madres les han recomendado a sus hijos apartarse de las malas juntas y buscar las buenas. Se trata de un consejo milenario que lo encontramos, con algunas diferencias de redacción, en textos tan antiguos como la Biblia y otros libros clásicos, religiosos o de filosofía moral aplicables a la vida familiar, la política o a los negocios.
Las “juntas” en un sentido amplio son reuniones esporádicas o institucionalizadas y permanentes en las que dos o más personas buscan ponerse de acuerdo y emprender en conjunto y por decisión libre alguna acción. La que podemos considerar como una de las más antiguas es la que dio origen al matrimonio, brindándole estabilidad a la mera unión sexual y procreativa. La mas compleja es la organización del pueblo en democracia. Entre estos dos extremos hay todo tipo de juntas, desde las sociedades para emprender negocios, hasta la formación de alianzas políticas, sociales o culturales o la elección que hacen los gobernantes de sus colaboradores. Este concepto de Junta requiere que los miembros de ellas sean capaces de renuncia a una parte de sus intereses y criterios para compatibilizar con los demás y encontrar un camino en el que todos, o al menos la mayoría, puedan coincidir. La antítesis de esta manera de organizar la vida social es cualquiera en la que las decisiones las toma una sola persona, siendo el autoritarismo, en cualquiera de sus formas y niveles de aplicación, el punto más extremo.
Por eso me llamo la atención la recomendación de la Comisión de Notables, de “eliminar las Juntas Directivas” de las instituciones autónomas o no autónomas de la administración pública costarricense.
Personalmente comparto la idea de que es necesario eliminar algunas Juntas u “órganos colegiados”, como también se les llama, por cuanto a lo largo de los años se ha exagerado, creándose una verdadera jungla administrativa, no solo de Juntas sino que incluso de instituciones y entes administrativos que duplican y triplican el tamaño del Estado, porque tienen competencias coincidentes. Por ejemplo, ¿Qué sentido tiene tener tres bancos comerciales estatales, haciendo lo mismo? , no sería mucho mejor fusionarlos y tener uno solo mucho más fuerte y eficiente, ahorrándonos como país un sinnúmero de triplicaciones de gasto inútil?
Como este ejemplo de los bancos podríamos hacer una lista larguísima de duplicidades innecesarias, que hacen burocrático e ineficiente al Estado.
En síntesis, las Juntas directivas son solo la punta del iceberg, ya que en muchos casos es el ente entero o la función asignada lo que está sobrando.

Sin embargo, no parece razonable eliminar Juntas directivas en instituciones que por su naturaleza, manejan temas o áreas de gran complejidad, en las que las decisiones deben estar imbuidas de la mayor sabiduría, experiencia y conocimientos posibles. Los temas de mayor impacto estratégico requieren de compatibilizar visiones interprofesionales e intersectoriales, que es muy difícil, por no decir imposible, que un solo jerarca institucional pueda reunir en su perfil y trayectoria individual.
Un ejemplo interesante a este respecto se dio durante la pasada administración de don Oscar Arias en el Consejo Técnico de Aviación Civil. EL CETAC por su ley constitutiva tiene una muy equilibrada composición interprofesional e intersectorial en su Junta Directica: un representante del Colegio de Abogados, uno del de los Ingenieros, otro del Colegio de Licenciados en Ciencias Económicas, uno de los Técnicos Aeronáuticos, uno de la Unión de Cámaras UCCAEP y uno del sector turismo, liderados en ese periodo por la Ministra y la Vice Ministra de Transportes. Al iniciarse el gobierno, la situación de los aeropuertos del país no podía ser peor: Las obras del Aeropuerto Juan Santamaría estaban varios años paralizadas, las demandas y conflictos con la empresa Concesionaria ALTERRA amenazaban convertirse en la mayor catástrofe financiera y operativa, y muchas personas líderes de opinión creían que no había posibilidades de solución. Ante ese cuadro tan “nublado”, cada gremio y sector se esmeró por proponerle al Poder Ejecutivo a sus mejores representantes, constituyéndose así una Junta Directiva de perfil sobresaliente. Al concluir esos cuatro años Costa Rica había pasado en el Juan Santamaría, de tener el peor aeropuerto de Centroamérica a destacarse por ser el primero o segundo en calidad de toda Latinoamérica, según las evaluaciones internacionales. Además, se logró desarrollar el de Liberia, con los mismos estándares de altísima calidad, se amplió y remodelo el Tobías Bolaños y se construyeron pistas en 10 aeródromos locales para el servicio del turismo internacional y el tráfico doméstico. Ese notable milagro no habría sido posible sin una Junta Directiva dotada de esas cualidades, mezcla de conocimientos y experiencias interprofesionales y sectoriales, además de una gran mística y patriotismo, que fue comprendido, compartido y respaldado por los funcionarios de la Institución.
En síntesis, la recomendación de los Notables debe ser acogida con la mayor prudencia e inteligencia. Eliminando todas las que estén sobrando, las que están duplicando labores innecesariamente, las que manejan temas de poca complejidad e importancia, las que corresponden a entidades o instituciones que también están sobrando. Pero, fortaleciendo y depurando aquellas donde una visión integradora y colegiada es un factor estratégico de éxito, y en las que se requiere de un manejo profesional y despolitizado. Lo fundamental es que lo que ocurrió en el CETAC del periodo 2006-2010, siga ocurriendo en todos los puestos de la administración pública, colegiados o unipersonales. Que busquemos siempre, para cada puesto las mejores juntas posibles, como nos aconsejaban nuestros padres y antepasados.
(1)Ex Director de la JD del CETAC


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